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La Alabanza en la Congregación y Quienes la Ministran

Recuerdo hace ya muchos años, recién convertido, que dando mis primeros pasos en el servicio de la alabanza al Señor, después de un gran esfuerzo musical y creyendo haber ministrado al Señor, el pobre ministro terminaba y el pastor o la persona que dirigía el servicio decía algo como esto: "¡Ahora sí viene lo bueno, viene el manjar! ¡Ahora sí se pone bueno el culto! Viene la palabra de Dios."

La alabanza y la adoración en la congregación no es un relleno, no tiene que ser un espectáculo, no es un alarde de habilidades y mostrar cuán bueno es un joven o jovencita con un instrumento, o con su voz. La alabanza y la adoración en la congregación tienen que ministrar el corazón de Dios. Por esto es importantísimo que quien ministra en nuestras iglesias se dé cuenta de que no canta para la iglesia; su misión es ministrar a Dios y Dios es quien ministrará a la Iglesia. Antes de cualquier llamado que usted sienta de Dios (Pastor, Apóstol, Profeta, Maestro, músico, etc.) su primer llamado debe de ser de adorador. Su palabra nos enseña que Él busca adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad. Dios recibirá el cántico de labios de alguien que le conozca, que le adore, que se guarde para Él.

La alabanza y la adoración en la congregación debe de cantarse con inteligencia, cada canto es un enlace entre el pueblo y Dios. La persona que dirige tiene que tener un tacto muy especial, una guianza de Dios. Por ejemplo, el Pastor dice: "Hermanos, vamos a adorar a Dios," pero el director canta "Cansado del Camino" (Sumérgeme); son dos cosas totalmente diferentes y no se relacionan en ese momento, aunque su ritmo sea lento.

Dios nos ha dejado una poderosa arma en nuestro poder y es la alabanza y la adoración. A través de ella he visto liberaciones, sanidades, quebrantamientos, reconciliaciones con Dios y también conversiones; gente que rinde su vida ministrada por un canto. Sin embargo, al igual que un arma de guerra, existe un adiestramiento para sacar provecho de ella. Muchas veces los altares carecen de presencia de Dios en las ministraciones porque los que ministran no han sido instruidos en lo que hacen, y no se ministra a Dios, sino que se canta: lo que me gusta, lo más nuevo, los mejores ritmos y adornos. Todo lo que pueda hacer sentir bien al ejecutante, y esperando, a veces, un: ¡Qué bien lo haces! ¡Qué bueno que eres! Y sabes, Dios no comparte su gloria con nadie.

Debemos tener muy claro que existe música para escuchar y que tal vez ministra, pero no es para la congregación, la música para la congregación tiene que ser seleccionada. El pastor juega un papel muy importante en esto al trazar su visión al director de alabanza, y no dejarlo a lo que él quiera, sino en lo que Dios le esté guiando para su congregación. El director tiene que ser una persona que obedezca la voz del pastor. Un ejemplo, el Pastor dice: "Cantemos ese canto viejito Sólo Dios Hace al Hombre Feliz", pero el director canta Te Doy Gloria. Dios nos ha dado un regalo, un gran privilegio, un don; el poder ministrar en un altar. Muchas personas en la congregación quisieran cantar, tocar, pero esto no es de todos.

¡Ministros, valoremos esto! Pido que Dios apasione sus vidas por un servicio excelente en el lugar donde Él te puso: que seamos ayudas incondicionales en nuestras congregaciones, que cortemos con toda vanagloria, que toda la mala fama que se le han dado a los ministros musicales como rebeldes, insujetos, y que con facilidad se van de la congregación. Que todo esto quede en el pasado y que Dios nos lleve a otros niveles espirituales para bendición de su pueblo.

Por: Rodolfo Martínez A.
Director de Alabanza, Iglesia Cristiana Bautista

Iglesia Cristiana Bautista en Pérez Zeledón
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